Echa a volar mis cartas, haz como que lo olvidas, pronto esparcirás tu delito y con ello tu culpa; sólo espera a que el árbol vuelva al polvo junto con lo nuestro, junto con nosotros. VEN y mira: contemplad mis marcas en la pared; siéntelas y dime si no son ciertas, si son sólo un engaño. Mis lágrimas tomas por mentira, y a mis sonrisas contestas con otra más falsa. Ambos lo hacemos, a ambos nos han tomado el pelo y hemos derramado la leche sobre la mesa sin siquiera haberle dado un sorbo. Carísimos: sólo quiero una cosa, el oblivion eterno, el perdón en el olvido. Ignoro si aún sigo vivo hasta que con los labios partidos y los ojos hundidos escribo estas líneas. Dicen que las palabras prevalecen, lo cierto es que ya no las quiero dentro, lo único cierto es que las aborrezco.
Lo que todo el mundo vive.